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DOSTA!

ALICIA, LA PRINCESA DE LA LIBERTAD

Alicia empieza a estar cansada de rodar de aquí para allá. A veces tiene delirios de princesa, unos días más que otros. Mira inquisitivamente con unos ojos negros que recuerdan el principio de todas las cosas. Puede pasar horas bailando descalza, sin parar, sobre todo si lleva puesto su vestido favorito: un traje de flamenca que le trajeron de España. Vive con su familia a orillas del río Ródano, en una fábrica abandonada de la localidad francesa de Arlés. Sólo tiene ocho años, pero ya ha vivido cuatro expulsiones violentas que recuerda como ráfagas indeseables de fotogramas en blanco y negro. “Estaba durmiendo. Hacía frío. De repente, escuché un estallido y la puerta se abrió de golpe. Gritos. Dos gendarmes. Uno de los gendarmes puso un arma en mi cabeza. Hicieron lo mismo con mi madre, que sostenía en brazos a mi hermano de 2 años. ¡Afuera! Más gritos. Ni siquiera pudimos recoger nuestras cosas. Estábamos en la calle. Hacía mucho frío”. Alicia plasmó algunos episodios de las expulsiones en una carta que redactó en perfecto francés para su amiga Esmeralda Romanez, una activista de reconocimiento internacional comprometida con los derechos de las mujeres gitanas.

Texto de Soraya Peguero